La directora de FREMAP: dirigir también es responder

La directora de FREMAP de A Coruña. Dirigir un centro que atiende a personas lesionadas implica coordinar la asistencia, resolver los problemas que surgen y procurar que el tratamiento sea viable teniendo en cuenta las circunstancias de cada paciente. Esa responsabilidad debía reflejarse activamente en su gestión.

Le expliqué lo ocurrido después de la infiltración: el crack, el dolor intenso y la falta de pruebas para averiguar qué había pasado. Podía haber impulsado una revisión médica y una respuesta a mis preguntas. Recibí silencio mientras seguía escuchando la explicación de lo «degenerativo».

Conocía mis limitaciones, que vivía sola y que no podía afrontar sin ayuda las semanas sin apoyar el pie. Me dijo que estaba gestionando un centro de convalecencia. Después llegaron la negativa y la cancelación de la cirugía. Lo que correspondía era explicar las gestiones y coordinar una alternativa concreta.

Ofrecer Madrid para una valoración, sin una propuesta escrita que aclarara los apoyos y los pasos posteriores, tampoco resolvía el problema. ¿Cómo iba a ir a Madrid a ser valorada? Incomprensible. ¿Qué pasa con Quirón? ¿No puede operarme otro cirujano? La decisión del cirujano de Traumatología no explicaba por qué no se me ofrecía otro profesional en A Coruña. Una alternativa debía tener en cuenta mi capacidad real para desplazarme y recuperarme. Había dejado por escrito y verbalmente mi situación física y emocional, mi dificultad para caminar y hasta que mi perro con cáncer estaba con otra persona porque yo no podía atenderlo, además de mis citas con ginecología, que no podía perder después de años de gaslighting médico en el SERGAS.

Después me dieron el alta por faltar a una cita cuya notificación no había recibido y cuestionaron la contingencia laboral tras meses de asistencia. Antes de dejarme en ese limbo, lo normal era una llamada telefónica para conocer el motivo de mi ausencia: puede haber múltiples razones. Y así fue: había un correo en spam sin abrir. Lo más curioso es que al día siguiente tenía otra cita a la que no acudí por la misma razón, pero sí tengo un justificante que hace constar que fui presencialmente. Raro, raro.

Eso es lo que faltó en la gestión que recibí: respuestas, coordinación y soluciones reales, sin desterrarme a Madrid simplemente porque el cirujano lo indicó en su informe. Soluciones que pudiera llevar a la práctica de forma segura y detalladas por escrito, no un «ve y se valorará».

Por eso resulta tan difícil leer que, en el perfil profesional consultado, la directora figura como docente vinculada a la Axencia Galega de Coñecemento en Saúde y a la Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica —Fundación Pública Gallega de Medicina Genómica—. También participa como moderadora en formación sobre comunicación y gestión de conflictos, donde se abordan la escucha, las emociones y la asertividad. Promover esas herramientas exige aplicarlas también con los pacientes. En el trato que recibí, no las encontré en ningún momento; de hecho, fue todo lo contrario.

Una dirección debe responder por la atención que organiza. La buena gestión debe medirse también por la recuperación, la seguridad y el trato que reciben las personas. Los recursos públicos que administran las mutuas tienen una finalidad protectora, y esa protección tiene que sentirse cuando necesitas asistencia médica, que es un derecho, no un privilegio, sostenido con recursos públicos.

Yo me sentí reducida a un expediente con un coste económico. Mi experiencia me lleva a defender que este modelo desaparezca y que los recursos públicos que gestionan las mutuas refuercen una sanidad pública con medios y responsabilidad para asumir esa atención.

No más mutuas. Mi propósito es unir mi voz a otras personas afectadas y trabajar para conseguir ese cambio.

Deja una respuesta