Acudí personalmente a ver a la directora de FREMAP A Coruña. Estaba profundamente indignada y quería que escuchara lo ocurrido, las consecuencias y por qué lo relacionaba con la falta de sujeción.
La conversación fue extensa, pero salí sin respuestas concretas a las cuestiones esenciales. Se me indicó que responderían a mi reclamación dentro del plazo que establece la ley. Mientras tanto, yo seguía con dolor, limitaciones y una operación próxima.
Una recuperación compleja que me daba miedo afrontar sola
Vivo sola, tengo una discapacidad reconocida del 65 % y debo superar 35 escalones sin ascensor para acceder a mi vivienda.
Desde julio necesito llevar bastón por el intenso dolor de la cadera derecha, donde tengo una prótesis. La rodilla de la pierna lesionada, en la que me habían retirado el menisco, también me duele mucho. Al caminar siento que el pie se vence hacia dentro y arrastra la rodilla en esa dirección, aumentando mis molestias. A eso se suman los problemas en ambas manos que dificultan el uso prolongado de muletas.
Durante las semanas sin apoyar el pie operado tendría que cargar el peso sobre la pierna de la cadera dolorosa. No entendía cómo se consideraba viable esa recuperación sin valorar conjuntamente todas estas dificultades. Tenía pánico al posoperatorio sin ayuda suficiente, además del agotamiento mental acumulado.
Mi salud mental también estaba sufriendo. Lo expresé en las consultas, llorando: necesitaba saber que el posoperatorio iba a ser seguro. No me veía capaz de afrontarlo sola y expliqué que, con mis limitaciones físicas y mi agotamiento emocional, no podía hacerlo sin ayuda suficiente. Necesitaba entrar en quirófano con la mente tranquila, sabiendo cómo y con qué apoyo iba a recuperarme.
Por eso solicité un centro de convalecencia. Necesitaba ayuda para desplazarme, asearme, ir al baño, comer y evitar caídas. Unas horas de asistencia domiciliaria no resolvían el resto del día y de la noche. La previsión que se me comunicó era regresar a casa tras la estancia quirúrgica. Se gestionaron muletas de codo, pese a las limitaciones que había explicado.
La respuesta de Dirección y Trabajo Social
El 29 de septiembre, Dirección y Trabajo Social me comunicaron la denegación del centro solicitado. Una de las explicaciones fue que mi caso «no es grave». También se me trasladó que no disponían de convenios en A Coruña para ofrecerme ese recurso.
No comprendía por qué no se encontraba una alternativa local, incluida la posibilidad de prolongar los cuidados en el hospital donde iba a operarme. Quirónsalud A Coruña informa de que dispone de 66 habitaciones. No sé cuáles estaban disponibles ni qué condiciones asistenciales o administrativas se aplicaban; pedía que se estudiara mi situación y se explicaran las alternativas.
Solicité los motivos por escrito, los criterios de la decisión y una valoración de mi autonomía que tuviera en cuenta las manos, la cadera, las escaleras y vivir sola.
En mis escritos dejé constancia de que, al plantear el riesgo de caerme en casa, la trabajadora social me respondió que sería culpa mía y no de FREMAP. Yo estaba intentando prevenir un daño, no discutir quién tendría que asumirlo después.
Por qué entregué una carta directamente al cirujano
El 30 de septiembre acudí a Atención al Paciente de Quirónsalud y entregué una carta dirigida al cirujano, conservando mis copias selladas. También expliqué mi situación durante la consulta con el anestesista. Quería que el cirujano conociera personalmente mis circunstancias y la denegación del centro de convalecencia antes de intervenirme.
El 1 de octubre envié otro escrito, centrado especialmente en el dolor de la cadera protésica y en cómo iba a soportar el peso durante las semanas sin apoyar el pie operado.
Yo quería operarme con ese cirujano. En las consultas le había dicho que me consideraba afortunada, que consideraba impecable su trayectoria profesional y que me ponía totalmente en sus manos. También lo expresé por escrito: «Sé perfectamente que usted es el traumatólogo responsable de mi intervención y me considero afortunada». A mi entender, eso es precisamente lo que significa confiar.
En ese segundo escrito aclaré que sabía que él era el traumatólogo y que no gestionaba los centros de convalecencia ni las decisiones administrativas de FREMAP. Simplemente quería dejar constancia, antes de que firmara mi alta quirúrgica, de que la mutua me había denegado un centro porque mi caso «no es grave» y porque, según me habían explicado, no tenía convenios en A Coruña. Quería que conociera las condiciones en las que iba a volver a casa y valorara mis limitaciones y los riesgos de esa recuperación.
La necesidad de seguridad que intentaba transmitir también era emocional. Ya había explicado en consulta, entre lágrimas, que no podía afrontar sola el posoperatorio y que necesitaba un plan de recuperación que me permitiera entrar en quirófano con la mente tranquila. Eso formaba parte de mi petición de ayuda y del contexto en el que escribí al cirujano.
Mi entendimiento de lo hablado en la última consulta era que iba a operarme sabiendo que después regresaría a casa sin ese centro de convalecencia; en aquella consulta se habían solicitado muletas de codo. Por eso quise dejar también por escrito la negativa de FREMAP: necesitaba que esa circunstancia quedara expresamente documentada antes del alta quirúrgica.
La cancelación y la supuesta falta de confianza
El informe del cirujano, fechado el 1 de octubre a las 13:40, indica que recibió un sobre con una carta mía y afirma: «De dichas consideraciones se deduce una falta de confianza con este profesional».
Como ejemplo reproduce esta frase: «Si sufriera un daño relacionado con estas circunstancias, pediré que se valoren las responsabilidades correspondientes incluidas la actuación del equipo médico…».
Concluye: «Por tanto, renuncio a realizar dicho tratamiento y sugiero a su Mutua laboral que la paciente sea remitida para consideración a sus servicios médicos centrales».
Posteriormente recibí la comunicación de cancelación de la cirugía del 5 de octubre. Distingo la carta entregada el 30 de septiembre del escrito posterior del 1 de octubre: no afirmo que el informe respondiera a una comunicación enviada después de su emisión.
Por todo ello, considero una falacia presentar mi petición como una falta de confianza entre paciente y médico: había expresado mi confianza verbalmente y por escrito. Quería que conociera y valorara los problemas que podían comprometer mi recuperación. ¿No había otras opciones que FREMAP y el cirujano pudieran estudiar, cada uno desde sus competencias, antes de que yo me quedara sin la intervención prevista?
No puedo saber qué motivó su decisión más allá de lo que dice su informe. A mí me dejó la sensación de que, al quedar mis advertencias por escrito, prefirió desvincularse antes que verse involucrado en una posible complicación que pudiera afectar a esa trayectoria profesional que yo tanto valoraba. Esa es mi impresión, no un motivo que pueda dar por demostrado. Lo que sí ocurrió fue que se canceló la intervención mientras seguía sin resolverse cómo iba a recuperarme con seguridad. Todo muy misterioso. O no.
Para mí, documentar riesgos y pedir medidas para prevenirlos no equivale a desconfiar de la capacidad del cirujano. A pocos días de la operación, me encontré sin la intervención programada y teniendo que buscar otra solución.
La alternativa de Majadahonda
FREMAP propuso trasladarme a su hospital de Majadahonda, en Madrid. En una conversación telefónica me dijeron que ir allí sería mejor para mí, porque estaría mejor atendida. Sin embargo, cuando preguntaba por las condiciones concretas de mi recuperación, las respuestas quedaban en que «se valora». Yo necesitaba saber antes de viajar dónde iba a permanecer después de la operación y con qué ayuda iba a contar.
¿Recorrer todos esos kilómetros para que, una vez allí, todavía hubiera que valorar si me daban un centro de convalecencia? Con mis limitaciones físicas y mi agotamiento emocional, esa incertidumbre no me tranquilizaba. Era precisamente lo que llevaba semanas intentando resolver.
En esa llamada planteé si no sería más sencillo y menos costoso operarme en Quirónsalud A Coruña y organizar después una estancia en planta, en lugar de trasladarme a Madrid. Llegué a decir que así también podrían resolver mi situación y dejar de tenerme reclamando antes. Era una pregunta sobre las alternativas: yo no disponía de los costes ni podía decidir qué estancia era clínicamente adecuada.
Me respondieron que no me preocupara por eso, porque FREMAP asumía todos los costes del traslado a Madrid. Fue entonces cuando pregunté si aquel hospital era suyo y si eso quería decir que, para ellos, salía gratis. Esa fue mi pregunta; no tengo información que permita afirmar que la atención en un hospital propio no les suponga costes. Lo que seguía sin tener era una respuesta concreta sobre mi convalecencia.
Me resultaba imposible entender aquellas explicaciones y alternativas: para quedarme en A Coruña se me hablaba de falta de convenios y de que mi caso «no es grave»; para ir a Madrid, los costes estaban cubiertos, pero la recuperación seguía pendiente de valoración. Mi impresión era que hablábamos desde planos distintos: yo hablaba de dolor, miedo y de cómo iba a cuidarme; las respuestas giraban en torno a centros, convenios y gestiones. Lo viví como una lógica corporativa que dejaba en segundo plano a la persona que tenía delante.
Solicito que se aclaren por escrito los motivos asistenciales y organizativos del traslado y qué cuidados concretos se ofrecerían después de la intervención. Pedí información sobre la operación, el viaje, la estancia y los gastos. Pedir explicaciones no significaba aceptar el traslado. Mi decisión actual es operarme y recuperarme en A Coruña y buscar asistencia jurídica en Galicia para solicitar un cirujano, una nueva fecha y un recurso adecuado.
El hilo que todavía me sostiene
He pasado horas interminables delante del ordenador, muchas veces llorando, reuniendo informes, ordenando fechas, comparando documentos y escribiendo reclamaciones. Me he visto intentando entender cuestiones médicas y jurídicas para las que no tengo formación, mientras estaba lesionada y necesitaba atención.
A veces vivo este desgaste como una presión que puede acabar haciendo que una persona deje de reclamar. Estoy agotada, pero sigo necesitando respuestas.
Me siento colgando de una cuerda sobre un abismo oscuro. Veo cómo se deshilacha hasta que parece quedar un solo hilo. En mi imagen, ese último hilo es de kevlar: mi yo más profundo, la parte de mí que sigue resistiendo. Ya he atravesado situaciones muy difíciles y reconozco esa fuerza, aunque ahora apenas tenga energía.
Necesito recuperar fuerzas para reconstruir la cuerda. Tendrá cicatrices, pero confío en que volverá a sostenerme. Ahora, junto a ese hilo de kevlar, hay otros dos, gracias a la Asociación El Defensor del Paciente y su red de profesionales. Ya no siento que tenga que sostener todo el peso sola.
Necesito saber que las horas reuniendo informes y escribiendo entre lágrimas quedan en buenas manos. Poder soltar parte de esa carga y dedicar mis fuerzas a recuperarme con la mente más tranquila.
Qué pido y por qué nace esta web
Quiero recuperar mi salud y recibir una atención que tenga en cuenta mi situación completa. Pido respuestas sobre el chasquido y el dolor tras la infiltración, las pruebas no solicitadas, las explicaciones de origen degenerativo o crónico, la sujeción, la caída, las notas clínicas, la convalecencia y la cancelación.
Conservo documentación para que profesionales independientes y los organismos competentes revisen lo ocurrido y determinen las responsabilidades que correspondan.
De ahí nace Mutuas sin filtro: reunir experiencias que hoy están dispersas, darles contexto, facilitar información para reclamar y pedir mejoras concretas. Mi experiencia no demuestra cómo se atiende a todos los pacientes. Sí merece ser escuchada, investigada y respondida. Otras personas también merecen ese espacio.
Y disculpad la extensión. Habría preferido dedicar estas páginas a algo más agradable, pero los hechos han mostrado una preocupante falta de consideración por la brevedad.
Necesitaba dejarlo todo por escrito: como constancia, como denuncia y como desahogo de la rabia y la impotencia. Por lo visto, además de paciente, me ha tocado ejercer de archivo, secretaría y departamento de seguimiento. Todo ello sin sueldo y con unas condiciones ergonómicas francamente mejorables.
You have underestimated the person you have crossed paths with.
Testimonio personal actualizado a 3 de octubre de 2026. Las conversaciones y vivencias se exponen como relato de su autora, que declara conservar documentación y registros de audio. Las causas de la lesión y las posibles responsabilidades están pendientes de valoración independiente. Las entidades mencionadas pueden aportar su versión y solicitar la corrección de información inexacta.