Hoy quiero hablar del cirujano de Traumatología, especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología, y de lo que implica ser médico más allá de operar.
Por muy buen cirujano que seas, si no hay escucha ni empatía, es difícil que el paciente se sienta cómodo. Al fin y al cabo, está poniendo su vida en tus manos. Entiendo que tengas muchos pacientes y que operar forme parte de tu rutina, pero el paciente no es ganado. Necesita que lo escuches, que le expliques las cosas con claridad y que se sienta comprendido y tratado con empatía.
Las prisas, la falta de escucha activa y lo que no se anota en la evolución clínica pueden crear problemas reales y graves. Lo que para un profesional es una consulta más, para quien tiene delante puede determinar cómo va a vivir los próximos meses y años.
También está ese miedo a contrariar a un médico que ocupa una posición importante. Yo medía mis palabras para no ofender, para no provocar una reacción defensiva al preguntar o mostrar que entendía algo del tema. Una acaba sintiendo que incluso tiene que adular para mantener una relación que debería basarse, desde el principio, en el respeto y la confianza mutuos.
En mi caso, la admiración era sincera. Había expresado verbalmente y por escrito que me sentía afortunada de que él fuera mi cirujano. Admiraba su trayectoria y confiaba en él.
Sin embargo, cuando comuniqué la negativa de FREMAP al centro de convalecencia, aquello se interpretó como una falta de confianza por mi parte y se canceló la cirugía a tres días de la fecha prevista. No sé si realmente lo entendió así o si no quería involucrarse en un problema que pudiera afectar a esa trayectoria profesional que yo admiraba. No conozco su motivo real. Lo que sí conozco es el resultado: me quedé sin cirugía.
¿No podía haber hablado conmigo para aclararlo antes de tomar esa decisión?
Puedo entender que un cirujano decida no operar. Lo que no acepto es que esa decisión deje al paciente en el desamparo. Eso fue lo que hizo. Además, sugirió a FREMAP que me enviaran a Madrid, cuando conocía mis circunstancias y mis dificultades, que el tiempo no estaba a mi favor porque cada día que pasa la cirugía propuesta podría no ser viable, lo que llevaría a una única solución: la fusión de los huesos, artrodesis, con los graves problemas de movilidad que eso conlleva.
Había otras vías que podían haberse explorado: mantener la cirugía y coordinar con Trabajo Social del hospital la búsqueda de un centro de convalecencia; solicitar apoyo psicológico, porque conocía mi estado emocional; valorar que me operara otro cirujano de su equipo; o reclamar a FREMAP una solución que permitiera afrontar la recuperación con seguridad.
No afirmo que todas esas opciones estuvieran garantizadas. Lo que digo es que yo no recibí una alternativa concreta y resuelta antes de quedarme sin operación.
La medicina implica asistencia durante todo el proceso. La intervención tiene un antes y un después. El paciente vuelve a una casa, tiene unas limitaciones y necesita poder cumplir las indicaciones que recibe. En mi caso, debía pasar semanas sin apoyar el pie operado, viviendo sola y con otras dificultades físicas que ya había explicado.
¿No forma parte también de la responsabilidad médica procurar que el postoperatorio pueda realizarse en un entorno seguro? En mi experiencia, esa necesidad quedó sin resolver. Yo seguía siendo la misma paciente que necesitaba la operación, pero ahora tenía que buscar cómo salir del problema por mi cuenta.
Tengo varias hipótesis sobre lo ocurrido. Me las guardo para cuando termine este infierno del que sus decisiones también han formado parte.
Lo que dejo escrito hoy es lo que viví: confiaba en su capacidad como cirujano, se lo había dicho y necesitaba que esa confianza encontrara también escucha, diálogo y una solución para mi recuperación.
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