He tenido que pedir por mi cuenta una resonancia magnética de la rodilla para este martes, 27 de octubre. Me duele muchísimo. Me quema. Noto cómo me está ardiendo la rodilla por dentro.
Otra vez tengo que gastar dinero cuando lo único que pido es asistencia médica. No estoy pidiendo ningún favor: estoy pidiendo que me atiendan, que investiguen qué está pasando y que me ayuden. Es mi derecho como paciente.
Pero la distancia entre lo que dice la ley y lo que estoy viviendo es enorme. Los derechos están escritos, mientras yo sigo con dolor y pagando de mi bolsillo para buscar respuestas.
Así es como me siento en este proceso con FREMAP: como si los pacientes no tuviéramos absolutamente ningún derecho cuando llega el momento de necesitar que se haga efectivo. ¿De qué sirve tener derechos sobre el papel si, cuando necesitas asistencia, te encuentras sola intentando conseguirla?
Lo único que pido es asistencia médica. Y sigo teniendo que pagar para buscarla.
Tengo que pagar abogados, pruebas que FREMAP debería haberme hecho hace tiempo, ortesis y transporte en taxi. Los gastos se acumulan mientras sigo pidiendo lo más básico: asistencia médica. Al dolor físico se suma tener que asumir de mi bolsillo el coste de buscar atención y defender mis derechos. El desamparo es terrible.
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